Yo no dibujo por dibujar. Entrevista con Tikay
13 julio, 2016
Escrito por: Marialina Mavizu
Categoria: Chile
visto: 6564 Visto

Viene de Santiago de Chile, pero sus murales traspasan fronteras y se pueden ver en ciudades como Bogotá (Colombia) o La Paz (Bolivia). Formada en la Escuela de Bellas Artes para luego ser re-formada en la gráfica de las calles, Tikay -que en quechua significa florecer- dibuja y difunde sus verdades vitales desde una posición de denuncia y reivindicación de lo femenino y lo ancestral.

A Paula Ferrer, más conocida como Tikay la conocí en persona en un reciente viaje a Chile, pasamos unos días memorables con ella y su pareja -Aner- al sur del país, rodeados de aire puro, árboles milenarios y un fuego siempre encendido que nos apadrinaba las tertulias.

Fotografía: Mavizu. Villarrica, Chile. 2016.

Fotografía: Mavizu. Villarrica, Chile. 2016.

De ese viaje viene esta entrevista -al menos en espíritu- que se logró materializar ahora. Conversamos con esta pintora de espíritu vivaz que es toda fortaleza y les compartimos el resultado de una amena charla partida en dos: presencialmente en Villarrica-Chile, virtualmente ella en Santiago, yo en Quito-Ecuador.

¿Qué te llevó a pintar en las calles, cómo empezaste?

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Ilustración por Tikay

En 2005 entro a estudiar pintura en la universidad, y en 2010 empiezo a participar de colectivos de serigrafía y pintura con los que interveníamos en movilizaciones estudiantiles, fueron dos años bien intensos de estar en todas las marchas apoyando a los estudiantes siendo nosotros también estudiantes, por la misma lucha que se sigue hasta ahora.Con esta experiencia de intervenciones urbanas como referente, empecé a pintar en las calles porque sentía que quedarme encerrada en mi taller pintando cuadros de caballete me dejaba casi muda, mientras que en la calle sentí una libertad diferente, podía pintar las cosas que pensaba o que no me parecían, y además en lugares donde cualquier persona podía verlo: ricos, pobres, gente que vive en la calle, gente que vive dentro o fuera de la ciudad, niños, grandes, abuelos; todos pueden ver una pintura en la calle.

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Tikay. Santiago de Chile.

¿Cómo crees que ha mutado tu estilo en los años que llevas pintando en gran formato?

Desde la universidad siempre pinté mujeres, al principio no sé si tenía una intención bien formada, pero con los años he ido aprendiendo varias cosas y eso me ha hecho relacionarme con mi pintura de una manera diferente, desde la recuperación de mi propia historia familiar que tiene que ver con mis ancestros mapuche, y de ahí también empezar a viajar, ver otras culturas y lugares donde las mujeres siempre han tenido un rol importante.

Y el estilo claro que muta, me enfrenté a la calle luego de cinco años de pintar cuadros con óleo en la Escuela de Bellas Artes, y cuando salí a la calle se me hizo difícil al inicio: se pintaba con látex que se seca rápido, y en superficies con imperfecciones o que no tenían un formato cuadrado perfecto, porque en la universidad sí nos hacían pintar en grandes formatos pero claramente no era lo mismo al salir a la calle.

Cuando me pasó eso en el primer muro, empecé a hacer posters que pintaba con óleo y luego los salía a pegar a la calle. Pero luego dije, tengo que arriesgarme y practicar, ahí conocí a los chicos del Museo a Cielo Abierto de La Pincoya y empecé a pintar con algunos de ellos, aprendí mucho de los materiales, de los formatos, de hacer una pintura más rápida e ir practicando y aprendiendo.

En todos tus trabajos -sean murales, serigrafías, ilustraciones, etc.- veo la presencia de temas súper importantes: la naturaleza, el conocimiento ancestral, una exploración de lo femenino. ¿Cómo llegaste a estos grandes temas y de qué manera(s) vinculas estos conocimientos con tu proceso creativo?

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Serigrafía, dibujo y mural. Tikay.

Esos temas siempre han estado en mi vida, mi mamá es partera y siempre ha participado en círculos de mujeres y ceremonias; pero también toda la vida ha pintado mujeres, ha hecho máscaras, ropa, tejido, y siempre hubo libros sobre arte precolombino en mi casa. Después viene toda esta confesión de mi mamá contándonos una historia muy terrible de mi bisabuela -que es nuestra herencia mapuche-, ahí perdimos el apellido, pues ella se cambió el apellido dos veces por persecución y discriminación.

Y claramente todos esos conocimientos que siempre viví empezaron a influir en mi trabajo. En algún momento de mi proceso tomé la decisión de rescatar las enseñanzas de mi mamá y de a poco han ido aflorando todos los sentimientos e imágenes que tengo adentro y que por mucho tiempo me pregunté por qué los tenía. Luego de lo que me contó mi mamá sobre mi bisabuela mapuche, me di cuenta que mis ancestros vivieron cosas que se quedaron en mi conocimiento y que me lo heredaron igual como se lo heredaron a ella.

En el medio de todo esto nace mi hija Amanda, y empiezo a hacerme preguntas bien fuertes: ¿qué quiero de mi vida?, ahora tengo una hija ¿qué quiero entregarle?, ¿quiero ser feliz?, ¿me quiero arriesgar a dedicarme a lo que me gusta? Las respuestas se traducen en el trabajo que estoy haciendo ahora y que me tiene súper contenta; a veces hay momentos duros pero mi trabajo me ha hecho conocer personas preciosas e ir alimentándome de otros conocimientos, los dibujos son con harto respeto e investigación.

Hay una frase del cantautor Víctor Jara que siempre se cita: “yo no canto por cantar”; bueno, yo tampoco dibujo por dibujar, hay todo un trasfondo. Mi trabajo siempre ha sido político, desde que participaba en los colectivos hasta la actualidad siempre ha tenido esa intención, la de hablar en la calle y denunciar, aunque mi imagen no sea la del paco* pegándole a alguien. Mi pensamiento es que no necesitamos más mierda ni violencia, sí necesitamos denunciar las cosas, necesitamos saber que los arboles se están muriendo, que el agua la están robando y que los animales se están extinguiendo, hacer que los muros hablen pero desde la visión misma que nos da la naturaleza, no generando más violencia.

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Ilustración por Tikay

Sé que ahora hay un boom de los círculos de mujeres y lo femenino, de pintar sobre naturaleza, las mujeres o los pueblos; pero lo mío viene de un conocimiento de las mujeres de mi familia que estuvo abandonado por mucho tiempo, para mí siempre ha sido importante no solo dibujar, sino también la interpretación y el relato, lo que yo puedo contar con mis dibujos.

*policía

Cuando pintas en dupla con el Aner, ¿cómo han logrado acoplar sus estilos e intereses para lograr unicidad en cada intervención que realizan?

Con el Aner ha sido una relación muy linda, cuando nos conocimos en persona lo primero que hicimos fue juntarnos a hacer un dibujo que luego transformamos en una serigrafía. Creo que nos encontramos en la misma sintonía, los dos veníamos de procesos muy parecidos cada uno por su cuenta, de investigación, de rescate de la memoria familiar y logramos unir los trabajos muy bien.
Me gusta mucho cómo acordamos lo que vamos a pintar, por qué lo vamos a pintar, los tiempos… Muchos de esos muros grandes que hemos hecho han sido en viajes o con amigos, y de ahí nos han ido invitando a lugares para que sigamos trabajando juntos. Ha sido bacán porque con el Aner hemos hablado de la importancia que para mi tiene mostrar la imagen de la mujer y lo hemos estado trabajando en los últimos muros, que se puede decir que es una serie, todos van a lo mismo: la cosmovisión, la importancia de los oficios y la importancia de la mujer como creadora.

Tikay & Aner en Bogotá, Colombia y Santiago de Chile respectivamente.

Tikay & Aner en Bogotá, Colombia y Santiago de Chile respectivamente.

¿Y cómo lo hemos logrado? ¡con puro cariño nomás! esos muros han salido así por todo el cariño que tenemos, y hablando técnicamente: nos juntamos, hacemos los bocetos, aportamos ideas, llegamos a un acuerdo y empezamos a dibujar. Pero para acoplar estilos e intereses ha sido a base de puro cariño y porque los dos también estamos en ese volver a los conocimientos ancestrales de verdad, no solamente como una pantalla, desde nuestro vivir cotidiano, el pensarnos, hacernos, estar en el campo o en la ciudad, de ir aprendiendo.

Me contabas que asistes a una escuela mapuche (mapudungun**, tejido, etc.), qué te motivó a estudiar y cómo lo aplicas a tu vida personal y artística?

**Idioma del pueblo mapuche

Mi mamá y mi hermana son grandes maestras del tejido, pero yo nunca aprendí la técnica porque me fui muy joven a vivir fuera de casa. Hace dos años empecé a asistir a la Escuela de Arte Textil Ad Llallin -que significa “arañitas”-, y ahora en perspectiva puedo decir que esta experiencia en la escuela me ha permitido sanar el daño que se hizo, la matanza que hubo en mi familia.

La escuela no es solamente aprender a tejer, tiene algo esencial que es ser iguales, ninguna es más tejedora que la otra, conocernos, sanar nuestras historias, aprender idioma, medicina y danza; y cómo ese entrelace de cosas va formando tu tejido de vida, cómo tu cuando tejes también tejes tu vida. Por ejemplo, en el tejido nunca puedes hacer un nudo ciego, porque siempre tienes que volver atrás cuando te equivocas, y eso lo hemos comparado con nuestras relaciones y con nuestra vida.

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Ilustración por Tikay

El aprendizaje y la enseñanza en la escuela ha sido una experiencia mucho más linda de lo que pude haberme imaginado, además ha aportado mucho en mis dibujos y he aprendido a dibujar de otra forma porque al tejer voy entendiendo muchas cosas del el pueblo mapuche principalmente, he logrado ordenar los hilos de mi vida, puede sonar medio poético pero así es, a veces no vemos esas sutilezas que tienen los tejidos, que la historia de los pueblos también está en sus textiles, todos sus pensamientos y símbolos están ahí: las estrellas, los espíritus, la fuerza. Tejiendo he entendido todas estas cosas que también aportan a mi trabajo gráfico.

Faja tejida por Tikay.

Faja tejida por Tikay.

Finalmente, el viaje y el arte urbano suelen ir de la mano, ¿qué piensas del viajar como motor creativo? Compártenos algún gran viaje de pintura.

¡Es que viajar es lo mejor! Para mi viajar es indispensable para pintar en la calle, no solamente a otros países sino también dentro de tu mismo país, lugar o ciudad, no es lo mismo pintar en Santiago que pintar en el Sur por ejemplo.

Yo creo que cuando uno logra viajar pintando en la calle se te abren un montón de cosas que uno no pensaba abrir. Viajar me hace vivir cosas en lugares que quizás leyendo o mirando por internet no lo voy a saber, me hace sentir otros sabores, ver otros colores, costumbres, palabras, paisajes, animales.

Recuerdo que cuando era chica decía qué suerte esa persona que viaja, trabaja y lo pasa bien; para mí en eso se resume el salir a pintar, y es también compartir el trabajo con otras personas, aunque te canses luego de pintar un muro gigante por cinco días, todo ese agotamiento se te pasa cuando vas a comer una arepa o vas a tomar un jugo de una fruta que nunca has probado, o compartiendo con los amigos muralistas y graffiteros que uno se va encontrando, viendo los trabajos de los compañeros.

Entonces elegir un viaje es difícil porque todos han sido bacanes, los que hemos hecho con el Aner últimamente han sido muy bonitos, la gente nos ha agradecido mucho el trabajo, se acerca, te cuentan su historia y nosotros también tratamos de compartir lo que quisimos decir con el muro. También el viaje que hicimos con las Muchachitas Pintoras para pintar en una escuela mapuche de Villarrica fue una experiencia súper bonita, hacía mucho frío pero aprendimos muchas cosas y los niños quedaron contentos.

Tikay. Muchachitas Pintoras. Villarrica, Chile.

Tikay. Muchachitas Pintoras. Villarrica, Chile.

La mayoría de los viajes que hago son auto gestionados y eso también es bacán, independientemente de que uno a veces quiere conseguir algún fondo creo que juntar las lucas*** para poder viajar te da más libertad, porque lo hiciste tu y vas a compartir un trabajo con otras personas. Por ejemplo, con el Aner hicimos uno hace como dos años a Bolivia y nos fuimos por distintas ciudades pintamos por pintar y algunas veces truequeando nuestro trabajo por alojamiento; la experiencia fue súper bonita, porque a la gente le asombra la autogestión, no conciben que uno a veces quiere salir a pintar sin que el otro te pague por hacerlo, y eso también es una enseñanza estando en un mundo en que todos hacen las cosas solamente por plata, y está bien, de algo hay que vivir, pero también eso es bonito de la pintura, es un compartir, una enseñanza y un entregar.

***dinero

Tikay & Aner en Bolivia.

Tikay & Aner en Bolivia.

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Una respuesta a “Yo no dibujo por dibujar. Entrevista con Tikay”

  1. La Tikay | dice:

    […] acá quiero compartir mis fragmentos favoritos de esta entrevista, junto a fotografías que hice en Villarrica -al sur de Chile-; cuando Tikay y su pareja Aner nos […]

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